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En el mes de diciembre la Catedral de Oviedo celebra las festividades de Santa Bárbara, el día 4,  y de Santa Eulalia, el día 10. Ésta última es, además, la patrona de la ciudad  y de la diócesis desde el año 1639.

Coincidiendo con ello han tenido lugar, dentro de las actividades del Programa de abonados 2021-2022, dos conferencias impartidas por el Catedrático de la Universidad de Oviedo Vidal de la Madrid Álvarez, en las cuales se desgranaron los proyectos y procesos constructivos de las capillas barrocas de Santa Bárbara y Santa Eulalia. En ambas sesiones contamos con una gran asistencia por parte de nuestros abonados a los que, desde aquí, la Catedral agradece tanto su colaboración como su entusiasta acogida.

El profesor de la Madrid es miembro, desde sus orígenes, del Plan Director de la Catedral de Oviedo. Su investigación ha girado siempre en torno a la arquitectura barroca asturiana y ha quedado plasmada en gran número de publicaciones, siendo autor de varias monografías de arquitectos activos en Asturias durante los siglos XVII y XVIII: Manuel Reguera, Francisco de la Riva o la familia Menéndez Camina.

CAPILLA DE SANTA BÁRBARA

La segunda conferencia del Programa de Abonados 2021-2022 ha tenido lugar el viernes 26 de noviembre. Dedicada a la Capilla de Santa Bárbara, fue impartida por el Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo Vidal de la Madrid Álvarez.

La exposición comenzó glosando la figura del obispo Bernardo Caballero de Paredes (Medina del Campo 1592-Oviedo 1661) en los años previos a su llegada a Oviedo. Ya al comienzo de su carrera eclesiástica, el prelado mostró gran interés por impulsar la Contrarreforma, defendiendo el dogma de la Inmaculada Concepción de María o reforzando el culto a las reliquias y los santos.

Para contextualizar el proyecto de la Capilla de Santa Bárbara de la catedral ovetense, el conferenciante presentó a los asistentes el proyecto fallido de la Capilla del Cristo de la Concepción de la Colegiata de Medina del Campo, que se acabó materializando en la fundación del convento de agustinas recoletas dedicado a la Inmaculada, también en Medina del Campo. El retablo- relicario de este monasterio, que había sido proyectado para la capilla del Cristo y se adaptó al nuevo espacio, es el precedente del retablo que en 1663 ya estaba ensamblado en la “Nueva Cámara Santa” de la Catedral de Oviedo.

A su llegada a la capital asturiana, Caballero de Paredes, pretendió crear un nuevo espacio devocional para el mayor tesoro de la Catedral: las reliquias de la Cámara Santa y que a su vez sirviera de panteón familiar.

La “Nueva Cámara Santa” llegó a construirse adosada al costado meridional del templo, con planos de Ignacio de Cajigal y dentro del plan de renovación y ampliación contrarreformista de la catedral gótica que se había iniciado con la girola. El escultor Luis Fernández de la Vega fue el encargado de hacer las imágenes del retablo, entre las que destacan por su calidad La Inmaculada, el Arcángel San Miguel, San Pedro y San Pablo.

Sin embargo, las reliquias nunca llegaron a trasladarse a su nueva ubicación debido a la oposición del cabildo catedralicio, que temía una “crisis devocional” si éstas abandonaban la Cámara Santa. La capilla de Bernardo Caballero de Paredes continuó llamándose “Nueva Cámara Santa” hasta que en 1717 se colocó el su retablo la imagen de Santa Bárbara que cuatro años antes se le había encargado a Antonio Borja.

El empeño de Bernardo de Caballero de Paredes en construir la capilla y la oposición del cabildo al traslado de las reliquias nos ha permitido disfrutar actualmente del relicario medieval y la que posiblemente es la primera capilla plenamente barroca de Asturias.

 

CAPILLA DE SANTA EULALIA DE MÉRIDA

El Barroco decorativo irrumpió en la Catedral de Oviedo a finales del siglo XVIII con la llegada de los arquitectos avilesinos Juan Menéndez Camina el Viejo y Juan Menéndez Camina el Joven,  para levantar la capilla dedicada a la patrona de Oviedo y de la Diócesis: Santa Eulalia de Mérida.

Así comenzó la conferencia impartida el viernes 3 de diciembre por el Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo Vidal de la Madrid Álvarez.

La construcción de la capilla de Santa Eulalia se fraguó dentro del plan de adaptación de la catedral gótica a las nuevas exigencias litúrgicas y devocionales surgidas a partir del Concilio de Trento y la Contrarreforma. En ese contexto, numerosos templos y catedrales impulsaron el culto a sus santos patronos y la diócesis ovetense aprovechó el hecho de que Santa Eulalia había sido mártir además de santa.

En el año 1639 el papa Urbano VIII declaró a Santa Eulalia patrona de la ciudad de Oviedo y su diócesis y a partir de ese momento se revitalizó en nuestra ciudad el culto a la misma. En 1640, el obispo fray Simón García Pedrejón encargó al pintor vallisoletano Diego Valentín Díaz una pintura en la que apareciera el triunfo de la santa y la historia de su martirio. Esta obra, que actualmente se conserva en la sacristía de la catedral, fue pensada para una capilla de la girola, cuyo proyecto se truncó por la oposición del vecino monasterio de San Vicente, el cual veía amenazada su edificación con la construcción de este nuevo espacio en la catedral.

El obispo no cejó en su empeño y la capilla de Santa Eulalia se levantó finalmente a los pies del templo, enfrentada a la capilla de Santa Bárbara. Los Menéndez Camina presentaron al cabildo varios proyectos, de los cuales se llevó a cabo el que dispone el espacio de forma centralizada y cupulado para albergar en el centro un baldaquino en el que colocar las reliquias de Santa Eulalia. La capilla se articula con pilastras al modo de las de la Capilla del Obispo VIgil de Quiñones y elementos arquitectónicos fingidos – puertas y balcones-  al modo de la capilla de Santa Bárbara, pero supone un paso más en la evolución de la arquitectura barroca de la catedral y tiene como principal seña de identidad la abigarrada decoración vegetal, que recorre muros y cúpula, y la decoración figurativa del friso. Inspirándose en la pintura de Diego Valentín Díaz, en las pechinas de la cúpula se representa el martirio de la niña emeritense, que fue condenada a muerte durante las persecuciones de Diocleciano en el siglo IV por negarse a abrazar la religión pagana y solicitar al gobernador Calpurniano  que permitiese el culto cristiano.

Los restos de Santa Eulalia llegaron a Asturias, según relato del obispo Pelayo, durante el reinado de Silo (774-783). Se custodiaron en un primer momento en Pravia y fueron trasladadas a Oviedo por Alfonso II (791-842), desde entonces descansan en una arqueta califal de plata que desde la construcción de la capilla está en el centro del baldaquino, construido por Domingo Suárez de la Puente y Juan García de Ascucha en 1697.

La Capilla de Santa Eulalia se inició en 1690 y se terminó, en lo que respecta a su arquitectura, en 1696, culminándose todo el conjunto en 1702, fecha en la que los restos de fray Simón García Pedrejón- fallecido en 1696-  fueron trasladados a la capilla de la patrona, que él había dispuesto también como su capilla funeraria.