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CLAUSTRO

El claustro gótico de la Catedral de Oviedo se encuentra en una posición no canónica con respecto al templo. En lugar de estar adosado a la nave sur del mismo, como es habitual, se encuentra desplazado al sureste de la cabecera y adosado a la Cámara Santa, sobre el solar en el que existió un claustro románico de fines del siglo XI o principios del XII.

Las obras se iniciaron hacia el año 1300 en el entorno de la Sala Capitular, primera edificación asturiana en estilo gótico.  Entre los años 1300 y 1345 se levantaron la crujía septentrional y los dos primeros tramos de la occidental, uniendo la Sala Capitular con la primitiva basílica prerrománica de El Salvador. Entre 1345-1400, y contando con el patrocinio del rey Alfonso XI y los obispos don Sancho (1348-1369) y don Alfonso (1371-1376), se continuó la obra por la crujía occidental y la meridional. Finalmente, coincidiendo con el episcopado de Diego Ramírez de Guzmán (1412-1441), se cerró el claustro por la panda oriental. A lo largo de estas tres etapas constructivas puede apreciarse la evolución del gótico en las tracerías de los arcos, desde el estilo clásico del lado norte, pasando por el manierista, hasta el llamado flamígero de la crujía este.

En las claves de las bóvedas se conservan los escudos de la Corona de Castilla y de los obispos ovetenses que financiaron las obras. En los capiteles se despliega una gran variedad de temas, desde la heráldica hasta la mitología clásica, pasando por personajes y escenas costumbristas, leyendas, dogmas de la Iglesia y animales extraídos de los bestiarios medievales.

En la Edad Media, el claustro desempeñó función funeraria. La mayoría de los enterramientos se localizaron en la panda septentrional, adosada a la Cámara Santa, pues se buscaba la proximidad a las reliquias y los cuerpos de los mártires de la cripta. Esculpidos en los muros se encuentran actualmente un total de 8 arcosolios, destacando el del Deán Pedro Gay situado en el lado sur.

En las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los años 40 del siglo XX, se encontraron unos relieves románicos que se han puesto en relación con los de San Pedro y San Pablo que están empotrados a ambos lados de la puerta de acceso a la Sala Capitular y fechados en el siglo XII. Estos relieves se consideran parte de la decoración escultórica del claustro románico.

En el Museo de la Iglesia, sito en el claustro alto, se encuentra una escultura que representa al rey Alfonso XI (1312-1350). Con motivo de su visita a la Catedral en el año 1345 y la donación de dinero para la financiación de las obras, la efigie real se colocó sobre una ménsula en la panda oeste del claustro. La imagen que ocupa actualmente ese lugar es copia del original, trasladado al Museo por razones de conservación.

Entre los años 1733 y 1740, el arquitecto Francisco de la Riva Ladrón de Guevara levantó el piso superior del claustro. Al mismo artífice se debe la puerta del claustro gótico que se abre a la Corrada del Obispo, llamada Puerta de la Limosna porque desde allí los canónigos entregaban la limosna a los pobres de la ciudad.

Dependencias anejas al claustro

Adosados a las crujías del claustro, además de la sala capitular, se encuentran el cementerio de peregrinos y el archivo capitular.

El cementerio de peregrinos es un pequeño patio abierto entre la Cámara Santa y la cabecera de la catedral. En el siglo X se adosó un pórtico a la cripta de Santa Leocadia que funcionó como panteón episcopal. Sin embargo, no parece que este patio se utilizara para enterrar a los peregrinos que fallecían en la ciudad, a pesar de que la Catedral estaba obligada a darles sepultura. Para tal fin se construyó una capilla que cerraba este espacio y tenía su acceso a través de un portón abierto a la calle de San Vicente. Esta capilla fue derribada en los años 30 del siglo XX.

En el cementerio se encuentra el olivo centenario que, según la tradición, fue traído de Tierra Santa por un peregrino.

Al archivo capitular, ubicado en la panda oriental, se accede a través de un zaguán. El archivo ocupa tres dependencias de las cuales la principal es de 1780, se construyó para albergar el gymnasium o escuela para el estudio de las Sagradas Escrituras y en el siglo XIX pasó a ser archivo.

El claustro fue restaurado entre noviembre de 2002 y diciembre de 2003 dentro del conjunto de obras del Plan Director. A lo largo de estos trabajos, en los que se limpiaron y consolidaron los paramentos y esculturas, aparecieron las pinturas de las bóvedas.