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EL TEMPLO

La catedral gótica

La catedral de El Salvador tiene su origen en la basílica prerrománica dedicada por el rey Fruela (757-768) a El Salvador y los Santos Apóstoles y que, en el año 794, fue destruida por los musulmanes. Alfonso II (791-842) la reconstruyó a partir del 796 y así se mantuvo hasta que, a finales del siglo XIV, el obispo Guillén de Verdemonte (1389-1412) comenzó la edificación del templo gótico por la cabecera. El estilo arquitectónico del presbiterio se vincula con modelos franceses y, aunque desconocemos el nombre de su  tracista, es razonable pensar que, siendo francés el obispo Verdemonte, el arquitecto fuera compatriota suyo.

Entre 1444 y 1479 las obras se continuaron por el transepto, bajo la dirección de los flamencos Nicolás de Bar y Nicolás de Bruselas. Fue en este momento cuando se construyó la magnífica portada norte del crucero que se abre a la capilla barroca de Santa María del Rey Casto.

Siguiendo el proyecto de Bar y Bruselas, se construyeron las tres naves y sus capillas colaterales, bajo la dirección de los maestros Juan de Candamo y de las Tablas (1469-1489) y Bartolomé de Solórzano (1489-1499). A partir del año 1500 se iniciaron las obras del pórtico y la torre gótica, que se terminaron en 1552.

La capilla mayor es la parte más antigua del templo, fue construida entre 1382 y 1412 y describe una planta pentagonal. El retablo tardogótico que lo preside narra la vida de Cristo, es obra de Giralte de Bruselas, Guillén de Holanda y Esteban de Amberes, que comenzaron a trabajar en  él en 1512; en 1516 se unió Juan de Valmaseda, terminándose la obra en 1518. La policromía se debe a León Picardo y Miguel Bingueles y se llevó a cabo entre 1529 y 1531. Está considerado uno de los tres grandes retablos tardogóticos de España, por detrás de los retablos de las catedrales de Sevilla y Toledo.

La catedral barroca

La Contrarreforma, con su impulso al culto a los santos y a las reliquias, favoreció la creación de nuevos espacios en la Catedral. Así, entre 1621 y 1633, se construyó una girola en torno a la cabecera para favorecer la circulación de los peregrinos que visitaban la Cámara Santa en su camino hacia Santiago. El diseño corresponde al arquitecto cántabro Juan de Naveda, autor también de la Capilla de los Vigiles (1628-1640), adosada al segundo tramo de la nave norte.

Junto al crucero meridional y coincidiendo con el primer tramo de la girola, se encuentra la Capilla de San Ildefonso, hoy dedicada a la Virgen de Covadonga. Ocupa el lugar en el que estuvo la capilla funeraria del obispo Gutierre de Toledo (1377-1389) y que tuvo que ser derribada para construir el deambulatorio. Entre los años 1633 y 1635, Juan de Naveda construyó la capilla barroca, que fue destruida en 1934 con la voladura de la Cámara Santa- cuyo muro le hace de testero- y reconstruida posteriormente. A los pies de la imagen de la Santina hay una urna en la que se conservan los restos de San Melchor de Quirós (1821-1858).

Bajo la advocación de La Anunciación se encuentra la capilla funeraria del obispo de Valladolid y Segovia Juan Vigil de Quiñones, también conocida como Capilla de los Vigiles. Es la primera capilla barroca de la Catedral de Oviedo, en su vertiente clasicista. Fue construida siguiendo los planos de Juan de Naveda entre 1628 y 1640 y en ella es de destacar la obra escultórica de Luis Fernández de la Vega (1601-1675), a saber, el bulto funerario del obispo, labrado en piedra y el retablo, hecho en madera sin policromar.

En 1660 el obispo Bernardo Caballero de Paredes (1642-1661) encargó a Ignacio de Cajigal la construcción de una nueva capilla-relicario, dedicada a San Miguel, en el último tramo de la nave sur que sustituyese a la Cámara Santa. Por oposición del cabildo, nunca se hizo efectivo el traslado de las reliquias y la capilla se dedicó a Santa Bárbara. El retablo, el primero en estilo barroco que se construyó en Asturias, es obra de los ensambladores Juan del Castillo y Alonso de la Peña. Las esculturas son de Luis Fernández de la Vega, a excepción de la imagen de Santa Bárbara que es obra de Antonio Borja.

A la patrona de la diócesis, de la ciudad de Oviedo y del Principado de Asturias, Santa Eulalia de Mérida, se dedicó una capilla en el último tramo de la nave norte para conservar sus reliquias. Fue iniciativa del obispo fray Simón García Pedrejón (1682-1696). La capilla es obra de los asturianos Francisco Menéndez Camina, padre e hijo, y se construyó entre 1690 y 1696. En un baldaquino, situado en el centro, se conservan las reliquias de Santa Eulalia, en el interior de una arqueta de plata de época califal.

La Capilla de Santa María del Rey Casto se adosa al costado septentrional de la Catedral y se comunica con esta a través de la portada gótica diseñada por Nicolás de Bar y Nicolás de Bruselas hacia 1444. Esta capilla ocupa el lugar en el que se encontraba la primitiva basílica prerrománica de Santa María, que formaba un conjunto con la basílica de El Salvador, la Cámara Santa y la iglesia de San Tirso, y a cuyos pies se encontraba el panteón de la monarquía asturiana, primer panteón real de España. La edificación actual es obra de Bernabé de Hazas y fue construida entre 1705 y 1712, por iniciativa del obispo Fray Tomás Reluz (1697-1706), para sustituir a la capilla prerrománica, muy deteriorada entonces,  y a fin de custodiar de manera digna los sepulcros del panteón real.

El siglo XX

Durante la Guerra Civil (1936-1939) la Catedral sufrió diversos daños. Con respecto a las vidrieras, es de lamentar la pérdida de la mayor parte de las mismas. De los primitivos vidrios, obra de Diego de Santillana en 1525, únicamente se conservan los del rosetón del crucero septentrional. Las vidrieras actuales fueron realizadas por Santos Cuadrado en los años 50 del siglo XX.

A los pies de la nave central se encuentra el órgano, construido por Aquilino Amezúa en 1906 y restaurado por Organería Española tras la Guerra Civil (1936-1939).

Finalmente, es de mencionar la existencia, hasta 1901, de un coro en los dos primeros tramos de la nave. En el coro estaba la sillería labrada por el taller de Alejo de Vahía entre 1491 y 1497. A principios del siglo XX ese coro, junto con los órganos barrocos, construidos en 1747 y 1751 por el organero real Pedro Echevarría Alcázar, fueron desmontados. Los órganos se perdieron; la sillería se conserva parcialmente en la sala capitular; de la reja que se abría al presbiterio se conservan cuatro tramos en el claustro y, con respecto a la decoración escultórica del cierre del coro, es de destacar la conservación del altar de la Virgen de la Luz y las esculturas de San Pedro y San Pablo en la Capilla del Rey Casto. El arco central del trascoro, obra de Juan de Badajoz el Viejo, se instaló a la entrada de la escalera barroca que da acceso a la Cámara Santa a modo de portada.